La senadora por Nueva York, Kirsten Gillibrand, enfrenta cuestionamientos por no pronunciarse públicamente sobre las acusaciones formuladas contra Graham Platner, quien busca convertirse en el candidato demócrata al Senado por el estado de Maine.
La polémica surgió después de que una expareja de Platner relatara a The New York Times presuntos episodios de comportamiento agresivo durante la relación. Entre los señalamientos se incluyen acusaciones de sujetarla con fuerza, arrastrarla de un taxi durante una discusión y restringir su movilidad en una habitación tras un altercado.
La campaña de Platner ha rechazado las acusaciones y negó que los hechos descritos hayan ocurrido como fueron presentados.
El caso ha llamado la atención debido al historial de Gillibrand como una de las principales impulsoras de la rendición de cuentas por denuncias de conducta sexual inapropiada durante el auge del movimiento #MeToo.
En 2017, la legisladora fue una de las voces más visibles dentro del Partido Demócrata que exigieron la renuncia del entonces senador por Minnesota, Al Franken, tras múltiples acusaciones de conducta sexual inapropiada. En aquel momento sostuvo que las denuncias debían ser tomadas con seriedad y defendió la necesidad de actuar frente a acusaciones consideradas creíbles.
Un año después, Gillibrand también manifestó públicamente su respaldo a las denuncias formuladas contra Brett Kavanaugh durante su proceso de confirmación para integrar la Corte Suprema de Estados Unidos, argumentando que las acusaciones debían influir en la evaluación de su candidatura.
Sin embargo, hasta ahora la senadora no ha emitido declaraciones públicas sobre las acusaciones contra Platner, pese a que previamente había respaldado su candidatura y expresó confianza en que los demócratas mantendrán posibilidades de triunfo en Maine.
Además de las recientes denuncias, Platner ha enfrentado controversias relacionadas con publicaciones en redes sociales, mensajes de contenido sexual y cuestionamientos sobre un tatuaje que ha generado debate durante la campaña.
La falta de posicionamiento de Gillibrand ha sido utilizada por críticos y adversarios políticos para señalar una aparente diferencia de criterio respecto a casos anteriores, mientras que sectores demócratas han optado por esperar el desarrollo de los hechos antes de emitir juicios públicos sobre las acusaciones.








