La supuesta secuela del fenómeno animado de Super Mario Bros.: La película apuesta por la espectacularidad, pero sacrifica lo esencial: historia, humor y alma. Super Mario Galaxy: La película se presenta como una sucesión de explosiones y poses heroicas que parecen diseñadas más para clips virales que para construir una narrativa memorable.
El regreso de Mario, con la voz de Chris Pratt, junto a Luigi (Charlie Day) y Princesa Peach (Anya Taylor-Joy), no logra conectar emocionalmente. Los personajes, tradicionalmente carismáticos y ligeros, adoptan aquí una solemnidad que recuerda más a los superhéroes de Marvel Studios que al espíritu original de los videojuegos.
Dirigida por Aaron Horvath y Michael Jelenic —conocidos por Teen Titans Go!—, la cinta parece más interesada en acumular referencias a franquicias de Nintendo que en contar una historia coherente. El resultado es una experiencia fragmentada, donde los guiños a sagas como Pikmin sustituyen el desarrollo narrativo.
La trama gira en torno al secuestro de Rosalina (Brie Larson) por parte de Bowser Jr. (Benny Safdie), hijo de Bowser (Jack Black). Sin embargo, incluso con personajes adicionales como Yoshi (Donald Glover) o Fox McCloud (Glen Powell), la película no logra construir momentos realmente significativos.
Uno de los principales problemas es la superficialidad con la que se abordan los conflictos: Peach busca identidad apenas por instantes, Bowser intenta redimirse sin desarrollo y nuevos personajes aparecen solo para desaparecer rápidamente. Incluso escenas que evocan a Zootopia refuerzan la sensación de reciclaje creativo.
A diferencia de los videojuegos, donde Mario ha sabido reinventarse —desde aventuras en 2D hasta propuestas más experimentales—, esta adaptación se limita a trasladar escenarios icónicos sin un propósito claro, evidenciando la diferencia entre homenaje y repetición vacía.
Al final, Super Mario Galaxy: La película ofrece poco tanto a nuevos espectadores como a fans de toda la vida. Es una experiencia ruidosa, visualmente intensa, pero emocionalmente distante, que deja una pregunta en el aire: ¿qué hizo realmente especial a Mario en primer lugar?






